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El camino de los andantes: Bolívar y Don Quijote

 

La lengua del alma

 

 

La pluma es la lengua del alma. 

Don Quijote

Si Madame de Staël me prestara su pluma, diría con ella que soy el genio de la tempestad.

Bolívar


 

 

 

 

Decía el poeta colombiano, Diego Fallón, que Bolívar había hecho la revolución “con la lengua”.    Este aserto, tan insólito como ajustado, le habría encantado a O’Leary, quien abunda en referencias sobre la excepcional elocuencia y habilidad retórica del Libertador. Muy pocos —dice en su monumental obra el acucioso irlandés— han poseído el don de excitar sentimientos generosos y laudable entusiasmo en el corazón de los demás, en tan alto grado como Bolívar. Hablaba mucho y bien. Su estilo era florido y correcto; sus discursos y sus escritos están llenos de imágenes atrevidas y originales. Sus proclamas son modelo de elocuencia… En sus despachos luce, además de la galanura del estilo, la claridad y la precisión.  82

La pluma bolivariana, en efecto, es fascinante: en ella armonizan, como por encanto, la lírica de la imaginación más desbordada, la prosa informativa de la realidad concreta y hasta las mismas rutinas de oficio; todo, con una textura que pasma por su coherencia lógica y por su calidad estética. Nada se violenta ni simula en sus imágenes.

Es sabido que la palabra es la forma de la acción original. Es la poiesis, que en griego vale por “hacer”, “lanzar” y “revelar”; y que como cifra, no sólo se resuelve en sí misma, sino que pasa a ser creativa. Es por ello, que toda la energía de las antiguas epopeyas, así como la de los viejos mitos, descansa en su realización ritual. Así, si es cierto, por una parte, y como dice el evangelista, que en “el principio era el verbo”, no lo es menos, por la otra, y como afirma el Fausto goethiano, que “en el principio era la acción.” 

Y es en sujetos como Bolívar o Don Quijote, precisamente, en donde se puede ver cómo estos dos reflejos: verbo y acción, no actúan como instancias separadas sino que integran una sola fórmula. En ellos, la palabra es actividad por sí misma: crea la acción o la transforma. De ahí el buen consejo de Don Quijote a su escudero: Enfrena la lengua, considera y rumia las palabras antes de que salgan de la boca. 83 Bolívar, por su parte, quien tiene entre los dones retóricos el de la síntesis, hasta alardea, y con razón, de su poder: Yo multiplico —dice— las ideas en muy pocas palabras84 Y por supuesto, ninguno como el de la Mancha —como  hijo literario de su padre— para declarar, con todos los efectos que su pluma implica, que: de la abundancia del corazón habla la lengua.  85

Es gracia de algunos buenos talentos, desde luego, saber expresar con claridad, no sólo lo que ellos mismos piensan, sino lo que los otros opinan; pero es privilegio exclusivo de unos cuantos espíritus, atreverse a llevar a la práctica, además, aquello con lo que muchos sueñan. En este sentido, Don Quijote y Bolívar, son almas privilegiadas.

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NOTAS DE ESTA SECCIÓN

82 

O’ Leary: Memorias (Narración). Tomo. I, Cap. XI.

83

Cervantes: Quijote; II Parte, cap.  31.

84 Bolívar: Carta al general F. de P. Santander,  Arequipa, 20/5/1825
85 Cervantes: Quijote; II Parte, cap.  13.