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El camino de los andantes: Bolívar y Don Quijote

 

El dolor de la grandeza

 

 

Mis tristezas vienen de mi filosofía; y eso que yo soy más filosofo en la prosperidad que en el infortunio.

Bolívar

Mis desgracias, aunque tuvieron principio nunca tendrán fin, porque provienen de mis pensamientos.

Don Quijote


 

 

 

 

No es posible avanzar en la lectura del Quijote, sin sentir (como un aguijonazo en la conciencia) el peso de la gran tristeza que abruma a su personaje …a contrapelo, es lo curioso, de la cómica festividad de los sucesos ¿Por qué este extraño contrapunto entre la risa y el llanto? A veces, el contraste es tan mordaz, que duele, de veras, reír mientras Don Quijote llora. ¿Cuál es el juego cervantino?  O mejor dicho: ¿quién se ríe de quién?  Heinrich Heine, que tenía la sana costumbre de releer el Quijote cada lustro de su vida, no pudo sino confesar atribulado, al término de la misma, que jamás logró saber, al emprender una nueva lectura, si aquella vez habría de comenzar riendo y a terminar llorando… o al revés.

En la vida de Simón Bolívar, también la tristeza funciona como paradigma. Usted, mi querido amigo —le asegura desolado a Páez— es más feliz que yo. 77  Pero así como en Don Quijote, se trata en todo caso de una tristeza especial: una suerte de “caída hacia arriba”: una ascensión melancólica, sublime, trascendente. Cuando se les conoce un poco a ambos y se sabe de sus andanzas, se entiende que ni aquel lamento quijotesco de: Ahora torno a decir, y diré mil veces, que soy el más desdichado de los hombres... 78 ni aquella vibrante queja bolivariana de: …estoy sufriendo a cuerpo gentil toda la intemperie de una tempestad deshecha… 79 suponen la típica amargura, ni el desengaño común y corriente, ni siquiera la angustia en vías de desesperación (todo lo cual sería la “caída hacia abajo”), sino una nostalgia por lo imposible, una insatisfacción …¡por no poder alcanzar lo inaccesible! 

El término de esta encrucijada es focal en el camino de nuestros andantes. Desde la profundidad  de sus meditaciones, el Libertador intenta razonar la lógica de aquella sombra: Mis tristezas —explica— vienen de mi filosofía; y eso que yo soy más filosofo en la prosperidad que en el infortunio. 78. En tanto que el Caballero de la Triste Figura, asumiendo el paradigma como eje, admite: Yo nací para ejemplo de desdichados y para ser blanco y terreno donde tomen la mira y asiento las flechas de la mala fortuna79

Lo que destruye a Bolívar y a Don Quijote es esa sensación mortal de inconsecuencia, esa caída hacia abajo, ese absurdo final de la grandeza, ante la imposibilidad de hacer que los demás miren también hacia arriba... El que Sirve a una revolución ara en el mar.  80   Palabras tristísimas estas, dichas ya en el camino del sepulcro, que como mezcla de desconsuelo y espanto, aparecen entre las más terribles que dijera jamás el Libertador. ¡Toda su tristeza se cifra allí hasta la tragedia! Y, lo que más inquieta… es que es lo mismo que le dice Don Quijote a Sancho Panza, cuando la aventura del barco encantado: Aquí será predicar en el desierto querer reducir a esta canalla a que por ruegos haga virtud alguna. 81

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NOTAS DE ESTA SECCIÓN

77 

Bolívar: Carta al general José A. Páez; Maracaibo, 16/12/1826

78

Bolívar: Carta al general Antonio José de Sucre, 1827

79 Cervantes: Quijote; II Parte, cap.10.
80 Bolívar: Carta al general F. de P. Santander; 10/11/1824.
81 Cervantes: Quijote; II Parte, cap. 10.