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El camino de los andantes: Bolívar y Don Quijote

 

Hasta el profundo de los abismos

 

 

Yo voy a despeñarme, a empozarme y a hundirme en el abismo que aquí se me representa.

Don Quijote

 

La cadena de mis pensamientos se fija en el cielo y termina en el abismo.

Bolívar


 

 

 

 

El camino de los andantes es un tránsito perpetuo entre dos extremos pendulares: la gloria y el abismo. Vaivén inexorable que todo lo atraviesa y lo complica, y que en Bolívar, es la rueca que templa y anuda el hilo luminoso de su historia. Cuanto más me elevo, tanto más hondo se ofrece el abismo.  Dice, divisando el panorama. O’Leary lo pinta de un plumazo: Su marcha fue un perpetuo combate, sus trabajos infinitos.  57  Y es que en realidad no hay más: o es lo uno o es lo otro. El resto —como diría el Caballero de la Mancha— es sólo artificio y trazas. 58

Y es de ver entre ambos polos a aquel “hombre increíble”, como le llamó Martí, luchando contra los esfuerzos combinados del siglo; y preguntándose —más quijotesco que nunca—: ¿Logrará un hombre solo constituir la mitad del mundo? ¡Y un hombre como yo!  59

Bolívar, ni por un instante, y ni siquiera en aquellos momentos, cuando colmado de sinsabores, estalla y se desespera: ¡Parece que el demonio dirige las cosas de mi vida! 60  —o exclama enfurecido: …este es un edificio parecido al del diablo, que arde por todas partes 61  olvidará, en medio de todo, que está caminando entre extremos. Mi corazón fluctúa entre la esperanza y el cuidado… 62  Declara precavido; aunque ya en la boca misma del abismo no se frena: Yo voy a imitar a Curcio —admite— entregándome a las llamas por la salud de la patria… Me voy a encargar del peso del Atlante63 Y regresa por su rumbo a su camino, seguro de que su deber, como siempre, es continuar …aunque mi caída no parara hasta el profundo de los abismos.   (Oye que le dice en la conciencia Don Quijote.)  64

Entonces, y con aquella voluntad de hierro que es su signo y su medida, vuelve de nuevo a cabalgar los cerros, a atravesar las llanuras, a remontar hasta los vientos las tormentas; consciente siempre de su propia fortaleza, de que …mientras más dificultades y peligros se nos presentan más energías debemos desplegar. 65

Es lo que dice el de la Triste Figura: No se deben ni pueden llamar a engaños quienes ponen la mira en virtuosos fines.  A fin de cuentas: bien podrán “los encantadores” quitarle la ventura; …pero el esfuerzo y el ánimo será imposible. 

Y ni siquiera a la hora de la victoria, Bolívar se dará por satisfecho. Un caballero andante tira la línea al cielo y él todavía no ha llegado… Al general Pérez, comandante de Guayaquil, le confiesa: Todo es mucho, sí señor, pero a mí me falta todavía más66 Y es que, así como Don Quijote, él sabe bien que aquella extensión enorme, hasta donde puede alcanzar su vista (y sobre la que se siente responsable), no es solamente suya, sino de todos; aunque sólo sea su mirada la que la pueda divisar.

Por eso, y cuando el péndulo le abre nuevamente las honduras: El trueno de la destrucción ha dado la señal. 67  Bolívar reflexiona: …al entrar en el hondo abismo de estas cuestiones, el genio de la razón iría a sepultarse en él como en la mansión de la muerte. 68   El Libertador se da cuenta de que el cuadro es espantoso: Estábamos como por milagro en un punto de equilibrio casual, —le dice a Páez— como cuando dos olas enfurecidas se encuentran y se mantienen tranquilas, apoyadas una de otra, y en una calma que parece verdadera aunque instantánea…Ya no habrá más calma ni más olas ni más punto de reunión, que forme esta prodigiosa calma: todo va a sumergirse en el seno primitivo de la creación, de la materia. Sí de la materia, —le reafirma— porque todo va a volverse nada.  69.

Pero ni siquiera al tocar fondo en el abismo, se abandona; sino por el contrario: sigue; y a pesar de la convicción muy íntima, de que sus …temores son los oráculos del destino, los oráculos de la fatalidad…  70  va buscando la manera de remontar el desastre; y, mientras tanto: a todos reanima, a todos da esperanza, a todos protege y levanta aun sobre sus propios hombros; aunque él, sobre los suyos, sienta ya cómo le mata el peso del mundo entero: ¡Si yo fuera capaz de fatigarme, estaría ya cansado! 71  Se atreve apenas a pronunciar la queja; cuando siente cómo le habla en sus adentros, el manchego: ¿Soy yo por ventura, de aquellos caballeros que toman reposo en los peligros?  72  Y ahí mismo, como un rayo, vuelve otra vez a su destino: Estoy decidido a jugarme hasta el alma... 73  Avisa.   ¡Y lo hace! 

Los griegos decían de Alejandro que había llegado hasta la orilla del caos. Del Libertador habría que agregar que no sólo llegó hasta sus márgenes, sino que lo penetró. Martí, que heredaría su alma, es quien mejor lo figura: Bolívar —dice el apóstol— enfrenta a la bestia y se sienta sobre ella, como un ángel, con su fuerza de honra herida; …porque hay hombres que no se cansan cuando su pueblo se cansa. 74

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NOTAS DE ESTA SECCIÓN

57 O’Leary: Memorias (Narración), Tomo I, Cap. XVI.
58 

.Cervantes: Quijote, I Parte, cap.15.

59

Bolívar: Carta a Sir Robert Wilson; Caracas, 7/23/1827.

60 Bolívar: Carta al general Rafael Urdaneta; Caracas,  8/2/1827.
61 Bolívar: Carta a José Rafael Arboleda; La Carrera, 24/8/1827.
62 Bolívar: Carta al general F. de P. Santander; Quito, 3/7/1823
63 Bolívar: Carta al general Andrés de Santa Cruz; Guayaquil; 14/9/1826
64 Cervantes: Quijote; II Parte, cap. 30.
65 Bolívar: Carta al general Rafael Urdaneta; Caracas, 14/7/1827
66 Cervantes: Quijote; II Parte, cap. 22.
67 Cervantes: Quijote; II Parte, cap. 32.
68 Bolívar: Carta al general  J. G. Pérez: 8/6/1827
69 Bolívar: Carta al general José Antonio Páez, Lima, 4 y 8 de agosto de 1826.
70 Ibídem.
71 Ibídem.
72 Bolívar: Carta al general F. de P. Santander; Neiva, 5/11/1826.
73 Bolívar: Carta al Dr. José Mª del Castillo y Rada, Tocuyo, 16/8/1821.
74 Martí: ob. cit. p. 37