Secciones

Bajar documento PDF

El camino de los andantes: Bolívar y Don Quijote

 

La dama de la libertad

 

 

La libertad encendió en mí seno este fuego sagrado; ella me hizo empuñar la espada contra los enemigos.

Bolívar

Si no fuese por el valor que ella infunde a mi brazo; ella pelea en mí, y vence en mí, y yo vivo y respiro en ella, y tengo vida y ser.

Don Quijote


 

 

 

 

A Bolívar le mueve (y le duele) la Libertad, como la Dulcinea a Don Quijote. Su hechizo es la gran pasión que les gobierna a ambos. Y es que como bien explica el de la Triste Figura a su escudero: es en ella —en la Dama— en donde se vienen a hacer verdaderos todos los imposibles.   La Dama es quien tiene la fórmula que controla sus destinos. Es ella quien impone —y compone— la ruta a los andantes. La Dama es la figuración sublime de todo lo que es excelso, digno de ser perseguido como fin, defendido como idea o alcanzado como meta; y es por su causa, por lo que se pueden y se deben vencer todos los obstáculos, agotar todos los recursos, enfrentar los peligros; porque ella, en sí misma, no es sino excelsa, pura, bella… de ahí que su conquista se convierta en pasión arrolladora. Yo he sido —confiesa Bolívar— el soldado de la beldad, porque he combatido por la Libertad, que es bella, hechicera y lleva la dicha al seno de la hermosura donde se abrigan las flores de la vida.  39

Bolívar siente la Libertad como un perfecto enamorado: Mi impetuosa pasión —declara— mi aspiración mayor es la de poder llevar el nombre de “Amante de la Libertad”. 40 Y con el mismo ardor admite: Mi mayor flaqueza es mi amor a la Libertad; este amor me arrastra hasta olvidar la gloria misma.   Don Quijote, en su camino, mientras tanto, se ilusiona; y va dejando correr las ideas hasta donde le llegan los sueños: Yo imagino que todo es así, —dice— sin que le sobre ni falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad; y ni la llega Elena ni la alcanza Lucrecia ni otra alguna de las famosas mujeres de las edades pretéritas, griega, bárbara o latina…42

Pero sucede que la Dulcinea, esa “señora de la fermosura”, es un misterio inefable. En la novela, ni siquiera aparece como personaje concreto, aunque deambule por todas sus páginas como figuración ideal. Y aun así, hasta queda flotando la duda, pues como admite el propio enamorado caballero: Dios sabe si hay Dulcinea o no el mundo y si es fantástica, o no es fantástica, y estas no son de las cosas cuya averiguación se ha de llevar hasta el cabo. 

Y qué decir de la Libertad… esa otra “fermosura”… ¿Existe? Por la Libertad —asegura quien lleva su nombre por título— está erizada de armas la tierra, que poco ha sufría el reposo de los esclavos.   El Libertador, en efecto, siente …correr por sus venas el poder, la fuerza y la tenacidad que produce la Libertad. 50   Él sabe dónde está su Dama: ya la ha visto; ha llegado a tocar con sus alas la piel de sus encantos, conoce de sus bondades y, por eso, la confirma en juramento: No envainaré jamás la espada mientras la Libertad de mi patria no esté completamente asegurada.   Y es que la Naturaleza y la Libertad —admite con franqueza— tienen atractivos irresistibles para las almas fértiles y vigorosas. 51

Pero Simón Bolívar no se engaña: él conoce los extremos ilusorios de su Dama (sabe de sus apariencias) y no se dejará deslumbrar por sus hechizos y  esplendores. Muy por el contrario, no cesará jamás de denunciar el peligro de esas …teorías abstractas que producen la perniciosa idea de una libertad ilimitada.   Hagamos triunfar la justicia —aconseja— y triunfará la libertad; convencido como está, de que …la justicia es la reina de las virtudes republicanas.  52

Si algo sabe el Libertador, desde luego, es que …no hay libertad legítima sino cuando esta se dirige a honrar a la humanidad y a perfeccionar su suerte.  El resto —advierte— …es pura ilusión y quizás, de una ilusión perniciosa53 

Por lo demás, ya se sabe: así como la Dulcinea “es hija de sus obras”, así también lo es la Libertad; que las virtudes —lo dice Don Quijote— “adoban su sangre”55  Al fondo, quedará impuesta la sentencia: no serán los hombres vulgares los que puedan calcular el eminente valor del reino de la Libertad. 

De libertades, no se olvide, el que sabe también lo suyo es por supuesto Cervantes, como quien ha debido padecer, por cinco años, el cautiverio de Argel. Por eso resulta tan conmovedor aquel memorable discurso en el que Don Quijote le dice a su escudero: La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida; y por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.56

 

13

NOTAS DE ESTA SECCIÓN

39 Bolívar: Carta a Sir Robert Wilson, 16/6/1827
40 Bolívar: Carta a Sir Robert Wilson, 16/6/1827
41 Cervantes: Quijote, I Parte, cap. 26
42 Cervantes: Quijote, II Parte, cap. 32.
43 Bolívar: Discurso ante el Colegio Electoral de Cundinamarca; 23/1/1815.
44 39 Bolívar: Carta a José Fernández Madrid; Caracas, 26/5/1827.
45 Cervantes: Quijote, II Parte, cap. 32.
46 Bolívar: Discurso ante el Colegio Electoral de Cundinamarca; 23/1/1815.
47 Bolívar: Carta al Dr. Juan Germán Roscío, Cúcuta, 20/6/1820. 
48 Bolívar: Discurso ante el gobierno de Venezuela; Caracas, 2/1/1814.
49 Bolívar: Carta  del  26/1/1824.
50 Bolívar: Discurso de Angostura: 15/2/1819.
51

Bolívar: Carta al comandante de la Provincia  del Socorro, 26/2/1820.

52 Bolívar: Carta del  23/1/1815
53 Cervantes: Quijote, Parte II, cap. 32.
54 Bolívar: Manifiesto de Carúpano, 7/9/1814.
55 Cervantes: Quijote; II Parte, cap. 58.
56

Cervantes: Quijote, Parte II, cap. 32.