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El camino de los andantes: Bolívar y Don Quijote

 

Los sueños del alfarero

 

 

Yo me he metido a alfarero de repúblicas, oficio de no poco trabajo, pero al mismo tiempo glorioso.

Bolívar

¿Por ventura, es asunto vano o es tiempo mal gastado, el que se gasta en andar por el mundo, no buscando los regalos de él sino las asperezas por donde los buenos suben al asiento de la inmortalidad?

Don Quijote


 

 

 

 

Al otro lado del perfil de lo odiseico, el rostro de Bolívar se abisma en la distancia. Allí, su …imaginación se fija en los siglos futuros:   su mirada alcanza el tiempo, su genio se dilata …y volando por entre las próximas edades, cuando su alma se remonta a la eminencia que exige la perspectiva colosal que ofrece un cuadro tan asombroso,  proyecta la cifra de sus sueños y sus obras. Esta nueva faceta (la fáustica) encuentra también nombre propio en otra de sus luminosas autovisiones: la del “Alfarero de Repúblicas”; imagen que corresponde, en conjunto, al Bolívar Constructor y que se va perfilando a su vez en una multiplicidad de figuraciones: el reformador social, el instructor público, el organizador estatal, el integrador nacionalista, el protector cultural, el promotor económico, el forjador moral… El Alfarero de Repúblicas, es ese Bolívar que no sólo comprende que tiene el deber primordial de liberar por las armas a la patria, sino que se ha impuesto, además, la obligación de estructurarla. No basta vencer—advierte a Sucre— es preciso conservar. 34

Dentro del contexto cervantino, lo fáustico  viene a reflejar aquí al andante primordial: es el Caballero de la Triste Figura; aquel para quien la grandeza está en el tamaño histórico de sus aspiraciones. Don Quijote, como heredero profesional de Amadís de Gaula, tiene plena conciencia mítica de su misión de redentor (de desfacedor de entuertos) y es en este afán, tan desaforado como sublime, donde se hace trascendente: Los andantes caballeros  —afirma—  más habemos de atender a la gloria de los siglos venideros, que es eterna en las regiones etéreas y celestes, que a la vanidad de la fama que en este presente y acabable siglo se alcanza. 35

El Bolívar fáustico, mientras tanto, sabe bien que lleva el espejo de la realidad nacional por dentro. Él es la conciencia reflexiva de la patria; y como tal, todo le vivifica y agobia al mismo tiempo. Gran imaginario, potente fraguador de proyecciones visionarias, la redentora misión que se ha impuesto aguijonea en todo trance sus esfuerzos y le alienta. Pero sus labores, como las de los condenados de la fábula: no acaban jamás: …nunca llego al término de mis suplicios —se lamenta— lo que hago con las manos lo desbaratan los pies de los demás.36 

El Libertador, en su comportamiento fáustico, sigue siendo lo que es: un hombre constante; y como tal, nada altera la raíz de sus principios, nada puede interceptar su convicción. Pero aquel temperamento sensibilisimo, esa acendrada percepción de la dignidad personal y de la patria y una melancolía que no escapa ni al devaneo de la conquista amorosa ni a la voluptuosidad del poder, le van a ir revolviendo la mirada en el camino de la gloria: entre las múltiples contrariedades que le irán cerrando el paso, que frustrarán sus planes y proyectos, y que al cabo, habrán de terminar por desvirtuar o destruir sus obras

 

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NOTAS DE ESTA SECCIÓN

34 

Bolívar: Carta al general Rafael Urdaneta; Caracas, 14/3/1827

35

Cervantes: Quijote; II Parte, cap. 1.

36 Bolívar: Discurso de Angostura, 15/2/1819