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El camino de los andantes: Bolívar y Don Quijote

 

La fuerza de la constancia

 

 

Mi constancia no desmaya y aun se fortifica con la adversidad.

Bolívar

Bien  podrán los encantadores quitarme la ventura; pero el esfuerzo y el ánimo será imposible.

Don Quijote


 

 

 

 

Pero además de la osadía, está también la constancia: esa firmeza continua, tenaz, indoblegable, insertada en sus conciencias como razón vital. En la vida del Libertador, esta característica es básica. Y es que nada le define mejor, como escribe su mayor biógrafo y primer edecán, Daniel Florencio O’Leary, que: aquella constancia que los reveses sólo servían para estimular. 

  No es siquiera exagerado asegurar, que la constancia es el sello que marca u ejecutoria y la fórmula que lo tipifica; ni que toda su personalidad, su obra entera: así los actos públicos, como los privados, están determinados por su impronta. Y no se trata, en su carácter, de algún otro atributo más o menos resaltante, sino de su espíritu de fondo, de su estructura elemental, de su verdadera piel del alma; porque Simón Bolívar —hay que decirlo— es, ante todo: un hombre constante. 

Desde aquel año terrible de 1814, y cuando en medio de la vorágine intestina que está acabando con las primeras repúblicas, Bolívar, saturado de espanto, deja caer como un rayo en el colofón del Manifiesto de Carúpano, el grito fulminante de: ¡Dios concede la victoria a la constancia!  30 ya se ve cuál es la línea que habrá de marcar, como eje, el carril de su destino. En adelante, la constancia no le abandonará jamás. ¡Y es impresionante la tenacidad vertical con la que la va sosteniendo! A la altura de 1827, todavía; y envuelto ya en los pliegues del gran laberinto final, sigue igual que siempre, aconsejando a Urdaneta, su fiel amigo: …paciencia y más paciencia, constancia y más constancia, trabajo y más trabajo, para tener patria… 31

El Ingenioso Hidalgo, en su mundo, resulta ser igualmente una criatura constante. Constante, incluso, hasta el extremo de la terquedad misma, que en su caso todo vale y aun sale ganando: Caballero andante he de morir —dice, porfiado, ante quienes intentan sacarle de sus aventuras— y baje o suba el Turco cuando él quisiere y pudiere; que otra vez digo que Dios me entiende. 32

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NOTAS DE ESTA SECCIÓN

30 

Cervantes: Quijote, II Parte, cap. 37.

31

Cervantes: Quijote, II Parte, cap. 32

32 O’Leary: Memorias (Narración), T. I, Cap. XXI