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El camino de los andantes: Bolívar y Don Quijote

 

El ingenio de las dificultades

 

 

Mis arreos son las armas, mi descanso el pelear.
Don Quijote

 

La guerra es mi elemento, los peligros mi gloria.
Bolívar


 

 

 

 

El temple de lo odiseico lo forjan a un mismo tiempo la osadía y la constancia. Es ese ímpetu alentado, irreductible, que anima los impulsos más intrépidos de la vocación heroica, y que al generar su propia fuerza se va convirtiendo en dínamo. Como dice el Hombre de las Dificultades: Reside en la médula de mis huesos la energía de mi carácter. Y lo explica: Yo siento que la energía de mi alma se eleva, se ensancha y se iguala siempre a la magnitud de los peligros19

También, por su parte, el Caballero de los Leones, siente circular aquel impulso elemental en sus entrañas: No puedo dejar de acometer —razona— todo aquello que a mí me parece que cae bajo la jurisdicción de mis ejercicios. 20 

En realidad, lo que da a lo odiseico el tono frontal de su estampa es la valentía, y Don Quijote de la Mancha la tiene bien medida. La valentía —explica— es la virtud que está puesta entre dos extremos viciosos como son la cobardía y la temeridad, pero menos mal será que el valiente suba y toque el punto de temerario, que no que baje y toque el punto de cobarde… 21  El manchego sabe bien de qué está hablando; y es que, por encima de todos los disparates de su espléndida locura, no hay dudas de que eso de irle a plantar cara a la boca misma de las fieras, es una hazaña extraordinaria. ¿Leoncitos a mí? ¿A mí leoncitos y a tales horas? 22   Habrá de decir impávido, seguro como está, de que: no hay ningún peligro en la tierra por donde no se abra camino mi espada…23

Aquí se abre en paréntesis un punto delicado: Don Quijote no está bien de la cabeza mientras que el Libertador es monumento mental de lucidez. ¿No es insensata o temeraria la comparación? En lo absoluto. Al nivel de las equivalencias, todo funciona como signo. Es la actitud —en términos de relación en el conjunto— lo que cuenta. De ahí que Bolívar, por ejemplo, y desde sus propias circunstancias, pueda explicar con un ímpetu paralelo al del manchego, cómo es que su alma necesita alimentarse de peligros para conservar el juicio, de manera —le dice al general Briceño Méndez— que al crearme Dios, permitió esta tempestuosa revolución para que pudiera yo vivir ocupado de mi destino especial. 24   Discurso éste que, por lo demás, trae enseguida y como de la mano, aquel otro de Don Quijote en el que cuenta que …el reposo se inventó para los blandos cortesanos; mas el trabajo, la inquietud y las armas sólo se inventaron e hicieron para aquellos que el mundo llama caballeros andantes, de los cuales yo, aunque indigno, soy el mejor de todos.  25

No hay duda: sobre estos dos seres arrebatados por el peso del deber y de la gloria, la tensión vital y anímica, que perfila lo odiseico, se impone por encima de todos los argumentos. ¡Y hay que ver de qué manera! ¡Que me manden a salvar la República y salvo a la América entera! 26  Reta el Libertador; y es que, como él mismo afirma: …cuando me hablan de valor y de audacia siento revivir todo mi ser y vuelvo a nacer, por decirlo así, para la patria y para la gloria. 27  Mientras que por sus caminos polvorientos, el Caballero, ensimismado, se cuestiona: ¿Hay encantos que valgan contra la verdadera valentía? 28  Para terminar declarando satisfecho: Pero haga el cielo lo que fuere servido; que tanto seré más estimado, si salgo con lo que pretendo, cuanto a mayores peligros me he puesto que se pusieron los caballeros andantes de los pasados siglos. 29

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NOTAS DE ESTA SECCIÓN

19 

Cervantes: Quijote, II Parte, cap. 17.

20

Bolívar: Carta al general Pedro Briceño Méndez; 4/6/1828

21 Bolívar: Carta al general Rafael Urdaneta; 14/4/1827
22 Cervantes: Quijote, II Parte, cap. 18.
23 Cervantes: Quijote, II Parte, cap. 17.
24 Cervantes: Quijote, I Parte, cap. 37.
25 Ibídem.
26 

Bolívar: Carta al general Pedro Briceño Méndez, 1826.

 27

Cervantes: Quijote; I Parte, cap. 13.

28 Bolívar: Carta del 15/12/1828
29 Bolívar: Carta al general Tomás Heres; Lima, 1823.