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El camino de los andantes: Bolívar y Don Quijote

 

Las dos caras del signo

 

 

 

Mis arreos son las armas, mi descanso el pelear.
Don Quijote

 

La guerra es mi elemento, los peligros mi gloria.
Bolívar


 

 

 

 

Igual que el rostro bifronte del dios romano Jano, Bolívar y Don Quijote (cada  uno por su parte) parecen proyectar, paralelamente, dos perfiles contrapuestos. Uno de ellos es sin duda vital, enérgico y vendría a reflejar las características clásica del héroe luchador, de ese guerrero invencible que tiene por arquetipo al mítico Ulises (Odiseo) de la epopeya homérica.

El otro lado del rostro, mientras tanto, modela un perfil mucho más extenso, abarcador y visionario; allí, es donde lo quijotesco y lo bolivariano toman vuelo y se hacen fáusticos. 

No se requiere demasiado esfuerzo para hacer encajar esta dicotomía —en lo que al Libertador se refiere— en la figuración correspondiente a dos de sus más conocidas autovisiones: la del Hombre de las Dificultades, representando aquí el perfil de lo odiseico; y la del Alfarero de Repúblicas, en función de lo fáustico. 

Por el lado de Don Quijote también se mantiene la fórmula y esto es lo interesante. Allí, parece ser el intrépido Caballero de los Leones, quien mejor perfila lo odiseico, mientras que el Caballero de la Triste Figura, supone la faz del héroe fáustico. 

Lo que hay que saber, en todo caso, es que lo odiseico será siempre fulminante y radical, en tanto que lo fáustico, es abismal, cabalga el tiempo.
En el fondo, ambos cortejan por igual un mismo sueño: pero el primero lo ciñe, mientras que el segundo lo trasciende.

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